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Año 3 Revista #15

Mayo/Junio

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miércoles 23/05/2012

Leopoldo Brizuela

Brizuela
El escritor platense ganador del premio Alfaguara

En marzo, el escritor platense Leopoldo Brizuela recibió el Premio Alfaguara de Novela, una de las menciones más importantes del mundo hispano, por su obra “Una misma noche”. Además del reconocimiento internacional y de una suma de dinero de más de 175.000 dólares, esta distinción implica una gira por España y todos los países de Latinoamérica para la presentación del libro.

Leopoldo Brizuela es escritor, narrador, poeta, músico y traductor. Nació en 1963 en La Plata y, a los 18 años, publicó su primera novela, “Tejiendo agua”. Entre sus obras más reconocidas se encuentran “Inglaterra. Una fábula”, ganadora del Premio Clarín de Novela en 1999 y el Premio Municipal de la Ciudad de Buenos Aires, “El placer de la cautiva”, “Los que llegamos más lejos” y “Lisboa. Un melograma”. Estudió Letras en la Universidad Nacional de La Plata y cursó dos años en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, aunque abandonó la carrera para abocarse a la literatura. También trabajó dictando talleres de escritura y como colaborador de los diarios Clarín, Página 12 y La Nación.

El 26 de marzo, Brizuela recibió el Premio Alfaguara de Novela, una de las menciones más importantes del mundo hispano, por su obra “Una misma noche”. Allí se cuenta la historia de Leonardo Diego Bazán, escritor que regresa a la casa de sus padres para cuidar de su madre viuda. Un día es testigo del asalto de la casa de sus vecinos por efectivos policiales, y el incidente abre el dique de sus recuerdos: en el año 1976, en esa misma casa había sido secuestrada una mujer durante la dictadura cívico militar. Entonces Leonardo empieza a escribir una novela con la intención de rescatar y exorcizar un pasado que había querido olvidar. “La novela transcurre en dos planos, en el 2000 y en 1976, y tiene que ver con una experiencia real mía que es ver un asalto a la noche en mi barrio, ser testigo de algo raro. Al otro día me enteré por los vecinos que el asalto había sido provocado por una banda muy probablemente conformada por policías y en el mismo lugar de donde se había llevado a una chica durante la última dictadura. Me impactó que ambos hechos fueran muy parecidos y también las reacciones de la gente que, por lo menos si no eran iguales, eran fruto de lo que había pasado treinta años antes”, explica Brizuela.

¿Cuándo tomaste la decisión de transformar este recuerdo en una novela?
Yo sabía desde siempre que con esas dos noches tenía que hacer algo, hasta que en el 2010 hubo una serie de situaciones a nivel político y personal que me hicieron pensar que era el momento de escribir. También fue muy fuerte cuando me di cuenta de que era el único que podía reconstruir esa historia: los vecinos que eran adultos en ese momento hoy ya no están y lo que son jóvenes no habían nacido o eran muy chicos al momento de los hechos. A partir de eso inventé a un personaje que se encuentra en una situación similar a la mía pero con una historia diferente, trabajé mucho con la exageración. Además, es un relato donde La Plata está presente como nunca antes en una novela mía. Y además, sucede en Tolosa, el lugar donde vivo y me crié, que tiene una importancia muy fuerte para mí.

¿Coincidís con las apreciaciones presentadas por el jurado que identifican en tu novela una “economía expresiva” y un tono “perturbador e hipnótico que indaga sobre la esencia del mal y la corresponsabilidad de cada uno en la violencia y la injusticia”?
Creo que estas apreciaciones califican la novela mucho mejor que lo que hubiera podido hacerlo yo. Me sorprendió esta idea de economía expresiva, porque yo nunca fui muy económico con el lenguaje, se ve que el tema cambió algo de mi forma de escritura. Me parece que tiene que ver con que el eje de la novela me hipnotizó. Y cuando algo te arrasa a vos eso se transmite al lector. Yo tenía bastante fe en la novela, te pasa muy pocas veces que sabés que te atraviesa un tema fuerte y que necesitás hablar y la gente está predispuesta a escuchar eso. “La misma noche” trabaja el tema de un recuerdo de esa época pero hablando de la memoria en general, me interesaba ver cómo un mismo recuerdo podría cambiar. Considero que el pasado no existe, que la memoria no es una entidad inmodificable sobre todo los recuerdos de los que no se habla y creo que esta es una discusión que hoy está en auge en la sociedad.

¿Qué impacto tuvo este premio en tu vida personal?
Además del aspecto económico, el Premio Alfaguara implica realizar una presentación por todos los países de Latinoamérica, cuestión a la que voy a estar abocado el resto del año, además de un viaje de quince días en España para la entrega formal del premio. De todas formas, aún creo que es muy pronto para medir el impacto, pero puedo hacer una analogía con el Premio Clarín que recibí en 1999. Hace trece años, ese reconocimiento me abrió la posibilidad de tener trabajo en la prensa escrita, de ser conocido. Ahora, esta mención lo que hace es consolidarme y darme cierta estabilidad.

La vida del escritor

¿Hubo un momento en tu viste en el que definiste que querías ser escritor?
Me encontré dedicado a esto desde siempre o, al menos, desde muy temprano a la escritura, a los doce o trece años. No con el sueño de publicar una novela sino de ser escritor. Siempre me dediqué a la narrativa, escribí poesía lateralmente apuntuando a contar historias.

¿Y cómo considerás que se relaciona el hecho de ser escritor con el de coordinar talleres literarios?
Creo que en estos espacios aportás algo que hace muy bien a la gente. Siento que soy útil y aprendo mucho en estos contextos. Sobre todo en lo que fue la experiencia como tallerista en la Escuela de la Cárcel de Mujeres de Olmos y en la Asociación de Madres de Plaza de Mayo. Una de las cosas de la literatura es que funciona como una excusa que me permite relacionarme con otra gente, salir de acá.

¿Cómo es tu proceso creativo, tu proceso de escritura?
Yo escucho las historias antes de escribirlas, es una voz oral del narrador que me llega. La idea de una novela se va gestando paulatinamente, y a veces ni lo percibís, hasta que adquiere tal peso que exige que la pases al papel: cuando sentís que si dejás pasar más tiempo se te va a perder. Cuando ya siento que no puedo más no escribirla me levanto muy temprano, cuando en la casa nadie puede interferir. Primero hago una versión manuscrita muy rápida y después voy corrigiendo en varias instancias.

¿Pensás en un lector cuando tomás la decisión de escribir?
Al momento de escribir nunca pienso en un lector, en todo caso el lector es como una parte del proceso creativo pero es totalmente abstracto. Uno sabe que alguien va a estar percibiendo ese texto, pero nunca pienso en una persona concreta. Quizás uno escribe porque no tiene un interlocutor con quien hablar.

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